
María Guadalupe sosteniendo un cartel de su hija Yoselín, desaparecida el 31 de marzo de 2022. Crédito: Diego López Colín/EWTN News.
“Dios mío, dame fuerza”. Con esta sencilla oración, María Guadalupe Aguilar Jáuregui enfrenta los días de cansancio por buscar a su hija Yoselín Pérez Aguiar, desaparecida el 31 de marzo del 2022 en una comunidad en el estado mexicano de Guanajuato.
Sin embargo, su calvario comenzó años antes. Su familia, integrada por ella, su esposo y sus tres hijos, ha sido golpeada por una serie de desapariciones y asesinatos. Todo comenzó en 2017 con la desaparición de su hijo mayor, quien posteriormente fue encontrado sin vida; después fue asesinado su esposo; en 2022 desapareció Yoselín, a quien todavía busca, y meses más tarde fue asesinada su hija menor.

El inicio del drama de una madre buscadora
El 23 de septiembre del 2017 desapareció su hijo, Juan Jesús Pérez Aguiar, en la comunidad de San Miguel Octopan, en el municipio de Celaya.
A partir de ese momento comenzó a recorrer el camino que miles de madres y familiares de desaparecidos transitan en México: búsquedas en terrenos, basureros y fosas clandestinas, entre otros lugares peligrosos, tratando de encontrar una pista que permita saber qué ocurrió con sus seres queridos.
Cinco años después de comenzar con el rastreo de su hijo, las autoridades le informaron que Juan Jesús había sido localizado sin vida. En entrevista con ACI Prensa aseguró que sus restos habían sido encontrados desde octubre de 2017, apenas un mes después de su desaparición, pero permanecieron sin identificar durante años.
Pero mientras buscaba el paradero de su hijo, la violencia se ensañaba con su familia. María Guadalupe dijo que el 2 de abril del 2018 fue asesinado su esposo, y atribuyó el crimen a la búsqueda que realizaban: lo mataron, aseguró, “por buscar a Juan Jesús”.
La tragedia continuó en 2022. El 31 de marzo desapareció su hija Yoselín, de 19 años. Según relató su madre, la última vez que fue vista estaba en su propia casa. La joven hacía labores domésticas cuando personas ingresaron a su hogar y “se la llevaron”.
A su vida se sumó otra desgracia. “El 18 de agosto, igual del año 2022, asesinan a mi niña Guadalupe Alejandra, de 16 años”.

María Guadalupe considera que los hechos de violencia que ha golpeado a su familia están relacionados. Al ser cuestionado sobre si detrás de ellos podrían encontrarse las mismas personas, respondió que “sí son los mismos” y aseguró que se trataría del “mismo cartel que está en el pueblo”.
María Guadalupe no vive más en Celaya por su seguridad.
Desaparecidos en Guanajuato
La historia de Guadalupe forma parte de una crisis que afecta a decenas de miles de familias. De acuerdo con cifras oficiales, más de 130.000 personas permanecen desaparecidas y no localizadas en México.
De ese total, más de 5.000 casos corresponden al estado de Guanajuato. Celaya, municipio donde ocurrieron los hechos que marcaron a la familia, registra 800 desaparecidos y no localizados, el mayor número registrado en el estado.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) considera que el fenómeno de las desapariciones “tiene una relación fundamental con la actuación del crimen organizado, que en diversos contextos opera en estrecha connivencia con agentes estatales”.
La CIDH documenta casos en los que las personas son utilizadas para la “explotación sexual” o “trabajo forzado”, mientras que otras desapariciones sirven “para enviar mensajes a grupos rivales y demostración de poder”.
La esperanza para seguir buscando
Los años de búsqueda han dejado huellas en Guadalupe. Reconoce que se ha vuelto “muy olvidadiza” y que enfrenta diversos problemas de salud, además del “desgaste emocional, físico, mental”. “Todo lo resiente el cuerpo”, agregó.
Sin embargo, aseguró que no va a parar. A pesar de que han pasado más de cuatro años desde la desaparición de su hija, dice que mantiene “la esperanza de encontrarla”, porque tiene claro que “si yo como mamá no la busco, nadie la va a buscar”.
Esa esperanza está ligada a su fe. María Guadalupe contó que le pide a Dios y a la Virgen que, “si no es su voluntad que yo la encuentre, que igual me den fuerzas y [con eso] les voy a dar gracias siempre”.
En sus oraciones también pide a Dios que “me ayude y que me ponga donde debo de estar y que me quite donde no, que me dé mucha sabiduría y entendimiento”.
Y en los días en los que no puede más, su oración se resume a pedir: “¡Dios mío, dame fuerza, Dios mío!”. También invoca a la Virgen, a quien le suele decir: “Tú eres madre y sufriste mucho por tu hijo. Y si me toca sufrir por el mío, dame esa fuerza”.
“El amor de estas mujeres nos llena de esperanza”
En declaraciones a ACI Prensa, Mons. Francisco Javier Acero Pérez, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México que ha dedicado un parte de su ministerio al acompañamiento de estas familias, destacó que el amor de estas familias son signo que “nos llena de esperanza”.

Mons. Acero invitó a reconocer en ellas una esperanza que no permanece inmóvil ante el sufrimiento, sino que las impulsa a levantarse y continuar buscando incluso en las condiciones más adversas.
Como explicó, “cada mañana estas mujeres se levantan diciendo: ‘Hoy puede ser el día en donde voy a en donde voy a ver a mi hijo’”.
Fuente: www.aciprensa.com