“Murió haciendo lo que amaba, la Eucaristía”, así recuerda el sacerdote redentorista Pedro Calle a su hermano de congregación, el P. Patricio Sánchez Molinari, fallecido hace unos días, al caerle una cruz durante una Misa transmitida en vivo.
“No es tan fácil integrar, asimilar esta situación por la forma y el modo (de la muerte del P. Patricio). Yo en cualquier momento me quiebro porque viene el tema del dolor interno”, comparte el P. Calle en entrevista con EWTN News Español este 22 de octubre.
Calle vive en Quito (Ecuador) y atiende las necesidades administrativas de la Congregación Redentorista en la provincia Andino Caribeña, conformada por Venezuela, Colombia y Ecuador. Está ahora en Guayaquil, también como representante legal, atendiendo los asuntos relacionados a la muerte del P. Patricio Sánchez, acompañando además el novenario por su descanso eterno, del 19 al 27 de octubre.

“Él murió abrazado por la cruz. El crucifijo no se dañó, solamente la parte de la pierna. Es interesante cómo él celebra la Pascua del Señor y el Señor celebra su Pascua con él… Y Patricio murió haciendo lo que amaba, la Eucaristía”, subraya el sacerdote.
Amante de la Eucaristía y de la Santísima Virgen María
El P. Pedro Calle describe al P. Sánchez como un hombre “con un corazón puro y muy sonriente, una sonrisa que creaba cercanía. Se hacía querer por las personas, por su pureza de corazón, donde no había mala intención. Siempre era así como muy tranquilo, muy paciente, muy tolerante”.
“Fue un amante del Santísimo Sacramento. Y entonces siempre, a las parroquias que iba, insistía en la devoción. Y era el primero en estar ahí. No sólo lo exponía un rato y se iba sino que se quedaba rezando”, relata el sacerdote.
El P. Patricio Sánchez trabajó en Loja, en el sur de Ecuador, luego en una zona misionera llamada Vinces, también en una parroquia en Manta durante nueve años y finalmente en Guayaquil unos cuatro años, en la iglesia Perpetuo Socorro donde fue párroco y donde falleció el sábado 17 de octubre, durante la Misa que transmitió en vivo.

“También fue un amante de la Santísima Virgen María. Podemos describir a Patricio como como una persona que en su ministerio logró dejar una huella de mucha cercanía con todos, absolutamente con todos”, resaltó el sacerdote redentorista.
“Siempre ha sido un hombre muy entregado, siempre espiritual y pastoral. A todos decía sí. Podríamos decir entonces por eso que era hombre de trabajo, muy abnegado, muy entregado”, remarcó.
El P. Calle dijo además que “Patricio era una persona muy sencilla, una persona muy cercana, una persona llena de humanismo. Sus homilías eran por eso muy sencillas”.
El sacerdote destacó asimismo que “el recuerdo que siempre tengo de Patricio es que era una persona muy acogedora, muy preocupado por darle a uno el alimento o la bebida. Le gustaba ir al cine y era una persona deportista. Le gustaba caminar y nadar, siempre iba a la natación”.
“Un signo de gracia”
El sacerdote compartió luego que nunca llegó a conversar con el P. Patricio sobre cómo le habría gustado ser recordado, pero destacó un aspecto que ha estado meditando en estos días, tras la trágica muerte de su compañero.
“La muerte de Patricio se convertirá o se está convirtiendo en un signo de gracia para los católicos, para la humanidad, por el hecho de haber estado transmitiendo (la Misa) y que justamente la tragedia haya sucedido así y no de otra forma. Ese era un mensaje para todos”, comentó el P. Calle.

El sacerdote dijo finalmente que no sabe hasta dónde llegará la historia del sacerdote, pero que sin duda no deja a nadie indiferente.
“No sé si su misión empieza ahora. No puedo yo dar una certeza, una seguridad, simplemente es una percepción personal por el contexto y cómo sucedió” su muerte.
¿Quién fue el P. Patricio Sánchez Molinari?
El P. Patricio Sánchez Molinari nació el 6 de noviembre de 1973 en Cuenca (Ecuador). Tenía 53 años.
Hizo su profesión en la Congregación del Santísimo Redentor (Redentoristas) el 15 de agosto de 2000, día de la Asunción de la Virgen María. Fue ordenado sacerdote el 15 de octubre de 2005.
Era párroco de la Iglesia del Perpetuo Socorro en el sur de Guayaquil. Era el superior de su comunidad, en la que vivía con un hermano religioso que había hecho sus votos perpetuos.
En su última homilía, el día de su muerte, predicó sobre la importancia de darle tiempo a Dios. “Él debe estar primero”, dijo y agregó: “Queridos hermanos, un día todos los que estamos aquí también vamos a morir. A veces el tiempo que hemos utilizado en las cosas, pues no tiene tanto sentido como el tiempo que utilizamos en Dios, en ese tiempo de calidad que damos a Dios, nuestros hermanos, la esposa, el esposo, los hijos, a la familia, ese tiempo es el mejor gastado”.
Fuente: Religion





