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Día de Muertos: El límite entre la tradición, la fe y la superstición

Dos sacerdotes explican cómo distinguir las tradiciones del Día de Muertos que expresan la fe católica de aquellas prácticas que pueden derivar en superstición.

Día de Muertos: El límite entre la tradición, la fe y la superstición
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En México, el Día de Muertos reúne la conmemoración católica de los fieles difuntos, del 2 de noviembre, con costumbres populares que han evolucionado a lo largo de los siglos. Pero no todas las prácticas asociadas a esta celebración expresan necesariamente la fe cristiana.

¿Dónde está el límite entre una tradición que ayuda a recordar y orar por los seres queridos fallecidos y una práctica que puede conducir a la superstición?

Dos sacerdotes católicos mexicanos abordaron esta inquietud en diálogo con EWTN News Español.

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La importancia de “una fe formada”

El P. Alberto Medel, exorcista y coordinador del Comité Teológico del Colegio de Exorcistas de la Arquidiócesis Primada de México, dijo que “hay que distinguir qué prácticas son resultado de una fe formada, de una fe evangelizada, y qué prácticas no”.

“Si una persona tiene una fe bien formada, y por lo tanto su práctica, su sentimiento religioso lo lleva a una piedad cristiana, el uso de todas estas tradiciones populares van a entenderse desde esa lógica”, precisó, mientras que “cuando no hay una auténtica formación en la fe, cuando la formación es pobre, cuando la práctica de la fe es pobre, el resultado es un sentimiento religioso genuino, pero vago, informal, mal formado, deformado, que lleva entonces a pensamientos mágicos”.

“La tradición del Día de Muertos, al menos la tradición mexicana, nace dentro de la piedad cristiana”, destacó. “Es la fe cristiana la que le da sentido a la ofrenda”, subrayó.

“Un cristiano bien formado sabe que vuelve el difunto en el recuerdo, vuelve el difunto en el cariño, vuelve el difunto en la comunión de la fe, no que vuelva realmente el alma”, aseguró.

“Lo virtuoso no está en la tradición misma, sino en aquello que me motiva a seguirla”, resaltó, pues “si lo que me motiva a seguirlo es una auténtica fe, se convierte en un elemento que me hace crecer en la esperanza en la vida eterna. Si no estoy bien formado en la fe y mi fe es más bien pobre y, por lo tanto, sincretista, la práctica se pervierte y se convierte en otra cosa”.

Por eso, aseguró, “el mejor remedio” frente a las supersticiones “siempre será la catequización, la evangelización a través de nuestra madre, la Iglesia, que nos advierte de estos peligros”.

Iluminando la tradición “con la fe cristiana”

El P. Hugo Valdemar, canónigo de la Catedral Metropolitana de Ciudad de México, explicó por su parte que “la Iglesia puede valorar las costumbres que ayudan a recordar a los difuntos y a expresar el cariño por ellos. Pero ese recuerdo debe iluminarse con la fe cristiana: creemos en la resurrección, en la comunión de los santos y en la esperanza de la vida eterna”.

“Cuando se incorporan prácticas que buscan manipular fuerzas ocultas o establecer contacto con los muertos, ya no estamos ante una expresión de la fe católica”, subrayó.

“Una de las principales confusiones es mezclar la fe católica con prácticas esotéricas o supersticiosas y presentar esa mezcla como si fuera una tradición ancestral”, dijo, alertando que “algunas expresiones que hoy se atribuyen al pasado prehispánico son, en realidad, recientes o carecen de un fundamento histórico sólido”.

El P. Valdemar destacó que “la Solemnidad de Todos los Santos, el 1 de noviembre, y la conmemoración de los fieles difuntos, el día 2, están estrechamente relacionadas, aunque son celebraciones distintas. En conjunto, nos ayudan a contemplar la comunión de los santos: la Iglesia que peregrina en la tierra, los santos que ya gozan de Dios y los difuntos por quienes ofrecemos nuestras oraciones”.

Destacó además que “no toda práctica que se coloca en un altar se vuelve, por eso mismo, cristiana ni queda justificada como tradición. Los amuletos y los rituales esotéricos expresan una confianza en fuerzas ocultas o en objetos a los que se atribuye un poder especial. Eso contradice la confianza que el cristiano pone en Dios”.

Criterios sencillos para discernir

Para distinguir entre lo cristiano y lo supersticioso, el P. Medel señaló que una costumbre orientada “hacia lo positivo, hacia la vida, hacia la salvación, hacia el gozo de la fe, hacia el recuerdo cariñoso de quienes ya no están y quienes deseamos volver a abrazar y que abrazaremos en la resurrección del último día” puede ayudarnos a acercarnos a Dios, mientras que “toda tradición, toda costumbre, toda práctica que nos mueva al terror, al dolor, al sufrimiento, al miedo, a pensar en lo negativo de la muerte” conduce a “prácticas que van en contra de la fe”.

En esa misma dirección, el P. Valdemar señaló que “un criterio sencillo es preguntarse: ¿esta práctica me lleva a confiar en Dios y a orar por mis difuntos, o me hace buscar poder y protección en fuerzas, objetos o rituales ajenos a la fe cristiana?”.

“Pero la responsabilidad principal es formar al pueblo de Dios”, subrayó.

“La catequesis de los niños y la formación de los adultos son también oportunidades para enseñar qué celebra la Iglesia y por qué reza por los difuntos”, aseguró.

Fuente: Religion

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