La Academia Dominicana de la Lengua está de enhorabuena. Ayer se conmemoró su nonagésimo noveno aniversario. El año en el que celebramos nuestro centenario no ha hecho más que empezar.
La Academia Dominicana de la Lengua fue fundada el 12 de octubre de 1927 en Santo Domingo, en una sesión celebrada en el Palacio Arzobispal, convocada por Adolfo Alejandro Nouel.
A los que fueron los académicos fundadores les preocupaba «la influencia malsana» de otras lenguas, favorecida por la situación geográfica de la República Dominicana, y los numerosos neologismos que se imponían «obedeciendo al capricho o la ignorancia».
Porque, decían los primeros académicos, los neologismos necesarios «son alimento de que se nutre el idioma; pero sí velará la Academia porque el uso de las voces nuevas se haga cuando sean indispensables y dentro de la índole del idioma vernáculo, sin necesidad de buscar en huerto ajeno lo que en el propio se consigue mejor y sin esfuerzos».
Temían los primeros académicos el «descrédito de nuestra cultura» si el español no se hablaba «con corrección y propiedad».
Ese mismo día se comunicó a la Real Academia Española la fundación de la nueva corporación americana y su intención de aportar a «la labor de bien común» de las academias de la lengua española que ya existían a esa fecha.
Desde las primeras sesiones los académicos plantearon su objetivo de enriquecer el conocimiento de la lengua española hablada en la República Dominicana y de brindar a la bibliografía del país obras que respondieran a este objetivo.
Así se publica años más tarde el Diccionario de dominicanismos, de Manuel Antonio Patín Maceo, académico fundador, que se convierte en el primer paso de la tradición lexicográfica académica dominicana que tiene hoy como obra de referencia el Diccionario del español dominicano.
Y es que las academias de la lengua no son, como bien dice un querido amigo, un salón de la fama del idioma.
Las academias de la lengua fueron concebidas para convertirse en un centro de estudio, investigación y divulgación del buen uso de la lengua española y para cooperar con todas las academias de los países hispanohablantes en el mantenimiento y enriquecimiento de nuestra lengua común.
¿Habrá una tarea más hermosa que contribuir al valor común a través del conocimiento y la valoración de lo propio?
La Academia Dominicana de la Lengua, que va a cumplir cien años, no para de trabajar para lograrlo.
Permítanme ofrecerles una probadita de algunos de los proyectos que nos nos ilusionan en nuestro centenario: nuestras estrellas, el Diccionario del español dominicano y elrecién nacido Diccionario jurídico dominicano, que debemos mantener al día, para que les sigan siendo útiles; el Diccionario del español del Caribe, en el que estamos trabajando con académicas cubanas y puertorriqueñas; el Diccionario de la lengua española y el Diccionario histórico de la lengua española, proyectos de la RAE con el concurso de todas las academias del mundo que habla en español.
Los diccionarios modernos se nutren de eso que llamamos los corpus: repositorios en los que almacenamos, debidamente ordenadas y catalogadas, todas las palabras que usamos en los textos en los que las usamos.
Las academias de la lengua española estamos empeñadas en el Corpus ASALE, en el que tiene un protagonismo muy destacado el español americano. No hay duda, aquí hemos venido a trabajar.
Fuente: Revista






