
Memorial por el P. Román de la Cruz Hernández durante la Misa celebrada el 20 de septiembre en Santa Cruz, Huejutla. Crédito: P. Domingo Porfirio Cruz / Diócesis de Huejutla.
El reciente asesinato del sacerdote Román de la Cruz Hernández en el estado mexicano de Hidalgo ha vuelto a poner el foco en la violencia que azota el país, y ha renovado la alerta sobre cómo estos homicidios pueden convertirse en una “advertencia” de grupos criminales, sembrando miedo y silencio en las comunidades.
El P. De la Cruz, párroco de Santa Cruz en Huejutla, Hidalgo, fue encontrado sin vida en un tramo de carretera en el municipio de Lolotla el 15 de septiembre. Tenía 48 años, casi 20 de ellos dedicados al sacerdocio.
El 17 de septiembre, Francisco Ángel Fernández Hasbun, jefe del despacho de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo (PGJEH), aseguró en un video que la institución “realiza las investigaciones correspondientes”.
Fernández Hasbun indicó que las autoridades cuentan ya con hipótesis sobre el caso y anunció que, “en tanto avance la investigación y se obtenga más información del caso, se dará a conocer los pormenores atendiendo la obligación legal para preservar el debido proceso”.
De acuerdo con medios locales, el cuerpo del sacerdote habría sido encontrado con heridas de bala, cerca de una camioneta, y llevaba encima una cartulina con un mensaje cuyo contenido no ha sido difundido por las autoridades.
Tras el hallazgo del cuerpo del presbítero, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) exigió a las autoridades “una investigación exhaustiva” del caso, mientras Mons. José Hiraís Acosta Beltrán, Obispo de Huejutla, lamentó “la situación alarmante de violencia que se vive en nuestro país”.
Unas 600 personas marcharon por la paz en Huejutla el domingo 20 de septiembre y participaron en una Misa por el P. Román. Durante la homilía, Mons. Acosta Beltrán pidió que el crimen sea esclarecido y “no permitir que este suceso ni los demás crímenes que han lastimado a nuestra nación mexicana queden impunes”, al tiempo que llamó a construir “una cultura de paz y de reconciliación”.

La tarde del 21 de septiembre, el prelado mexicano y Fernández Hasbun ofrecieron un breve mensaje conjunto tras reunirse para abordar el caso. El Obispo de Huejutla agradeció “el trabajo que se está realizando” en la investigación.
Fernández Hasbun aseguró que durante la reunión se proporcionó “información importante” sobre el caso y afirmó: “creemos que pronto resolveremos”. También destacó la colaboración de la Iglesia Católica con las autoridades durante las indagatorias
“Las huellas características del crimen organizado”
De acuerdo con el Centro Católico Multimedial (CCM), organismo que documenta la violencia contra miembros de la Iglesia en México, cuatro sacerdotes han sido asesinados en lo que va del actual sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum, iniciado en octubre de 2024. Suman más de 60 sacerdotes asesinados desde 1990.
Con base en la experiencia del CCM, su director, el sacerdote y periodista Omar Sotelo, aseguró a ACI Prensa que el asesinato del P. Román “está marcado incluso con las huellas características del crimen organizado”.
Aunque hasta el momento no ha trascendido que existiera “alguna amenaza por el trabajo que él hubiese realizado”, el P. Sotelo apuntó que “las extorsiones, las amenazas a sacerdotes en el país son un hecho activo”, por lo que “no podemos descartar que detrás de la muerte del padre haya una situación de este tipo”.
En cuanto al esclarecimiento de estos crímenes, señaló que, de los que han registrado y analizado en el CCM, “más del 80 % de los casos siguen en la impunidad”, incluido el asesinato, en 1993, del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, Arzobispo de Guadalajara, “que hasta la fecha es un caso sin resolver” y “un monumento a la impunidad”.
“Esto también puede pasarnos a nosotros”
Para Julieta Appendini, directora de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) en México, “es importante no mirar estos asesinatos únicamente como hechos criminales aislados”.
El impacto del crimen contra un sacerdote, como en el caso del P. Román, “va mucho más allá de la pérdida de una persona”, dijo a ACI Prensa, pues “el sacerdote suele tener una presencia muy cercana en la vida de la comunidad: conoce a las familias, acompaña a los enfermos, escucha problemas, celebra los sacramentos y puede ser también una figura de confianza y de mediación”.
“Cuando es asesinado, la comunidad pierde a alguien que cumplía muchas de esas funciones y puede quedar instalada una sensación todavía mayor de miedo e indefensión”.
Al mismo tiempo, alertó, “para otros sacerdotes de la región también puede significar una advertencia: ‘esto también puede pasarnos a nosotros’”.

“El objetivo es sembrar miedo”
El P. Sotelo coincide: “el objetivo es sembrar miedo”. La comunidad de Huejutla, indicó, “ya nos lo dijeron, tiene temor”.
“Los sacerdotes están temerosos, tienen que estar atentos a su entorno, porque esta situación para ellos les abre un panorama de cierta incertidumbre, de cierto temor”. A pesar de esto, aseguró, “el clero de Huejutla es un clero que va a seguir trabajando, empeñando su labor pastoral como lo está haciendo”.
Según el P. Sotelo, este tipo de asesinatos sirve para “mostrar el poder implacable de alguien que puede hacer lo que quiera en un país en donde lamentablemente las autoridades han sido poco eficientes en el manejo y en la seguridad del pueblo mexicano”.
Appendini, por su parte, resaltó que “el sacerdote que trabaja en una comunidad afectada por la violencia no solamente celebra los sacramentos. Muchas veces es una de las personas que permanece cuando otros han tenido que irse, acompaña a las familias, escucha a las víctimas, defiende a personas vulnerables y puede convertirse en una voz que denuncia situaciones de violencia”.
“Eso puede ponerlo en una posición de vulnerabilidad frente a quienes buscan controlar un territorio o imponer silencio”, dijo.
El Informe de Libertad Religiosa 2025 de ACN, recordó, “señala precisamente amenazas, extorsiones, asesinatos, agresiones y presiones para guardar silencio contra sacerdotes y otros líderes religiosos en México”.
Sin embargo, precisó que “no toda agresión contra un sacerdote tiene necesariamente como única motivación atacar a la religión. En México, la violencia puede estar relacionada con el control territorial, el narcotráfico, la extorsión o conflictos por la tierra”.
“La dimensión de libertad religiosa aparece cuando la persona es puesta en riesgo precisamente por ejercer su misión y acompañar a su comunidad”, dijo.
“No debemos normalizar estas situaciones”
Para Appendini, “todavía no comprendemos suficientemente la dimensión del miedo cotidiano”.
“Ese miedo tiene consecuencias también sobre la libertad religiosa”, alertó, pues “una persona puede tener legalmente el derecho de practicar su fe, pero si hacerlo públicamente, acompañar a su comunidad o denunciar la violencia puede ponerla en peligro, ese derecho no se está viviendo plenamente”.
“Por eso, desde ACN creemos que no debemos normalizar estas situaciones ni reducirlas únicamente a cifras. Cuando se amenaza o se asesina a un sacerdote que acompaña a su comunidad, hay que preguntarse también qué está ocurriendo con esa comunidad y con la libertad de las personas que viven allí”, indicó.
El propio P. Sotelo reconoce que tanto en su ministerio sacerdotal como en su labor como periodista “tenemos a veces temor, sabemos que podemos en cualquier momento perder incluso la vida por hablar de este tipo de circunstancias”.
Sin embargo, afirmó que “Dios está con nosotros, el Maestro Jesús está con nosotros y frente a eso no nos queda más que seguir ejerciendo una labor pastoral como sacerdote, periodista, como reportero”.
Fuente: www.aciprensa.com