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Entre esperanza y dolor: familiares enfrentan la desaparición

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Las dificultades económicas, el deseo de mejorar los ingresos y la falta de oportunidades para superar las carencias son algunas de las razones que pueden llevar a una persona a abandonar su país. Mientras algunos emigran por la vía legal y agotan los procedimientos establecidos, otros optan por vías irregulares para intentar llegar a su destino.

Para muchos dominicanos, Estados Unidos constituye una posibilidad de mejorar sus condiciones de vida. Algunos intentan llegar por la frontera con México, mientras otros recurren a peligrosas travesías marítimas en yola hacia Puerto Rico.

Estos viajes implican grandes riesgos y no todos logran llegar a su destino. El pasado domingo, una de esas travesías terminó en tragedia cuando una embarcación naufragó, presuntamente después de que se produjera una pelea entre algunos de sus ocupantes.

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El hecho dejó, según el balance difundido por las autoridades, decenas de personas rescatadas, fallecidos y otros pasajeros desaparecidos.

“La Guardia Costera estadounidense en San Juan (Puerto Rico) informó este lunes el rescate de cuarenta migrantes y de dos cadáveres tras el naufragio de una embarcación en la isla de Mona”, informó la agencia EFE el lunes 28 de septiembre.

Según el comunicado difundido por las autoridades, los tripulantes del buque Tripiti informaron al mediodía a los operadores del Sector San Juan de la Guardia Costera sobre el rescate inicial de cuatro personas que se encontraban en el agua. Los sobrevivientes estimaban que todavía había unas 60 personas a bordo de la embarcación.

De acuerdo con la Guardia Costera, la embarcación improvisada volcó el domingo alrededor de las 11:00 de la noche, hora local, después de que se desatara una pelea y varias personas resultaran gravemente heridas. La situación habría obligado a algunos de los ocupantes a lanzarse al agua e intentar nadar hasta la isla de Mona.

Diario Libre realizó un recorrido por Haina, de donde proceden algunas de las personas que viajaban en la embarcación, para conocer a sus familiares, saber qué información tenían sobre la travesía y conocer de primera mano cómo enfrentan la incertidumbre y el dolor tras lo ocurrido.

“Me siento muy mal, yo no tenía conocimiento de que mis hijos iban a hacer esa travesía”

En El Carril, uno de los distritos municipales del municipio Bajos de Haina, en San Cristóbal, vive Rafael Antonio Sánchez Panigua. El sector es un área rural, de abundante vegetación y calles sin asfaltar.

Cuando llegamos a la vivienda, una mujer adulta se encontraba en la entrada junto a varios niños. Luego se identificó como hija de Sánchez y explicó que dos de sus hermanos habían viajado en la embarcación, pero prefirió no hablar. Le pidió a uno de los niños que buscara a su padre.

Minutos después, Sánchez salió por una de las puertas de la vivienda. Tras identificarnos y explicarle el motivo de nuestra visita, nos recibió y nos invitó a tomar asiento.

“Están en su casa”, dijo mientras pedía a los niños que buscaran sillas para todos.

Durante la conversación, Sánchez escuchó atentamente cada pregunta antes de responder. Tenía dos hijos entre los pasajeros de la embarcación: uno permanece desaparecido y del otro solo ha recibido información de manera indirecta.

“Dos de mis hijos se fueron en ese viaje, uno está desaparecido y el otro supuestamente está bien. Digo supuestamente porque no he tenido comunicación con él, me he enterado por medio de rumores de esa información”, explicó.

El desaparecido es Joliver Sánchez Rodríguez, de 38 años, quien se desempeñaba como chófer. El otro hijo, Tauni Javier Sánchez Rodríguez, tiene 35 años y es mecánico.

Al ser preguntado sobre si tenía conocimiento de que sus hijos planeaban realizar la travesía, Sánchez dijo que había escuchado rumores y observado movimientos de personas relacionados con estos viajes, pero nunca imaginó que sus hijos participarían.

“Uno sabe que todo aquel que se va en yola es a buscarse la muerte que va, solo Dios puede salvar a una gente en esas travesías. Yo nunca he estado de acuerdo con esas cosas, había escuchado rumores y veía movimientos de personas para realizar eso, pero jamás imaginé que mis hijos se irían de esa manera”, aseguró.

Sánchez considera que las dificultades económicas pudieron influir en la decisión de sus hijos de emigrar. Según explicó, la situación económica que atraviesan muchas familias ha llevado a algunas personas a buscar alternativas fuera del país.

En el caso de sus hijos, entiende que esas dificultades pudieron contribuir a que tomaran la decisión de viajar hacia Puerto Rico en una embarcación utilizada para realizar la travesía de manera irregular.

Ambos están casados y tienen tres hijos, según explicó su padre.

Todo se trata de rumores, no hay información segura

La incertidumbre aumenta porque Sánchez tampoco ha podido confirmar directamente el estado de su hijo Tauni Javier. Según los rumores que ha recibido, el hombre de 35 años estaría bien y habría sido trasladado “de un sitio a otro”, aunque no especificó quién habría realizado esos traslados.

El padre aseguró que se ha mantenido llamando a la Marina de la República Dominicana en busca de información. La respuesta que, según cuenta, ha recibido es que las autoridades tienen una lista de personas rescatadas, pero todavía falta otra por completar.

“Vamos a ver si Dios ilumina el camino para que aparezcan los dos, porque como te dije no hemos tenido contacto directo y no sabemos a ciencia cierta lo que ha pasado”, dijo.

Al finalizar la conversación, Sánchez agradeció la visita y expresó su deseo de recibir pronto noticias de sus hijos.

“Gracias a ustedes por estar al pendiente y ayudarnos”, expresó.

“Estoy muy dolida por mi hijo, todavía no creo que esté muerto”

Cuando salimos de la vivienda de Rafael Sánchez y retomamos la carretera, encontramos una calle cerrada y custodiada por varios agentes policiales. Nos detuvimos para preguntar qué ocurría y nos explicaron que en el lugar se desarrollaba una actividad en la que participaría un funcionario público oriundo de la comunidad.

Como la actividad no estaba relacionada con nuestro trabajo, decidimos continuar el recorrido. Sin embargo, antes de marcharnos preguntamos a los agentes si tenían conocimiento de algún familiar de las personas desaparecidas en la travesía.

Por coincidencia, nos informaron que más arriba, en esa misma calle, vivían familiares de una de las personas que había viajado en la embarcación.

Nos dirigimos entonces hasta la vivienda. Allí encontramos otra historia marcada por el dolor, pero esta vez no por la incertidumbre sobre el paradero de un familiar, sino por la muerte de un hombre cuya pérdida su madre todavía se resiste a aceptar.

“Estoy muy dolida por mi hijo, todavía no creo que esté muerto. Yo no lo creo, no lo creo”, dijo con la voz entrecortada María Luisa Asencio, quien llora la muerte de su hijo Miguel Ángel Gómez Asencio, de 38 años.

Gómez Asencio fue uno de los hombres que partió hacia Puerto Rico. De acuerdo con lo relatado por sus familiares, murió durante la travesía luego de recibir un machetazo en medio de la pelea que se produjo a bordo de la embarcación.

Asencio aseguró que no tenía conocimiento de que su hijo finalmente realizaría el viaje, aunque sabía que tenía planes de irse a Puerto Rico con la intención de mejorar sus ingresos y ayudarla a construir una casa.

“Él me decía que me iba a hacer la casa, y yo le respondía que eso se podía hacer después, pero que no se fuera para allá. Él tenía un buen trabajo aquí”, indicó la mujer.

Los familiares explicaron que se enteraron de la muerte de Miguel Ángel después de establecer contacto con algunos de los sobrevivientes del naufragio. Según su relato, estos les comunicaron que el hombre murió luego de recibir un golpe con un machete durante la pelea que se produjo en la yola.

La familia también recibió confirmación de un pariente que reside en Puerto Rico, quien acudió a reconocer el cuerpo y les aseguró que se trataba de Miguel Ángel.

Para María Luisa, sin embargo, la confirmación no ha sido suficiente para asimilar la pérdida.

“Yo no lo creo, no lo creo”, repetía la madre mientras hablaba de su hijo.

Las rutas migratorias irregulares representan un riesgo mortal

El peligro de las rutas migratorias irregulares ha sido documentado por la ciencia. Un estudio publicado en 2025 en el Journal of Epidemiology and Population Health analizó 1,817 muertes de migrantes documentadas en rutas de América Latina entre 2014 y 2022.

La investigación encontró que las causas de muerte varían según el tipo de trayecto: mientras el ahogamiento predominó en las rutas marítimas, la exposición ambiental y la violencia tuvieron mayor presencia en las rutas selváticas y fronterizas.

Las 1,817 muertes analizadas corresponden a casos documentados y no representan necesariamente la totalidad de los fallecimientos ocurridos durante esas travesías. El investigador advierte sobre las dificultades para dimensionar el fenómeno debido a que muchas muertes y desapariciones no quedan registradas de manera completa.

El estudio se titula “Deaths across borders: Trends and challenges in estimating mortality among undocumented migrants on Latin American routes”, de Hisrael Passarelli-Araujo, investigador del Departamento de Demografía de la Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil.

Enlace para consultar el estudio (Inglés)

Para las familias consultadas por Diario Libre, sin embargo, la migración dejó de ser una posibilidad de buscar mejores condiciones de vida y se convirtió en una espera marcada por la incertidumbre y el duelo.

Mientras Rafael Sánchez continúa esperando noticias de sus dos hijos, uno desaparecido y otro cuyo paradero tampoco ha podido confirmar directamente, María Luisa Asencio intenta aceptar la muerte de Miguel Ángel.

En ambos hogares permanece la misma pregunta que quedó suspendida desde que la embarcación partió rumbo a Puerto Rico: qué ocurrió con quienes se fueron buscando una vida distinta.

Fuente: www.diariolibre.com

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