República Dominicana alcanzó una prevalencia de subalimentación inferior al 2.5 %, el nivel anunciado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que coloca al país fuera del denominado mapa mundial del hambre.
Pero ¿qué significa realmente este dato para los dominicanos?
El anuncio no implica que el hambre haya desaparecido por completo ni que todas las familias tengan garantizado el acceso permanente a alimentos nutritivos. Significa que la proporción estimada de personas que consume menos alimentos de los necesarios cayó por debajo del umbral estadístico del 2.5 %.
La ministra de la Mujer, Gloria Reyes, quien anteriormente fue directora del programa Supérate programa y dirigió la fusión con la Administradora de Subsidios Sociales (Adess), atribuyó el resultado a la combinación de programas de protección social, alimentación escolar, apoyo a la producción agropecuaria e iniciativas destinadas a aumentar los ingresos y las oportunidades de los hogares vulnerables.
Programas sociales en acción
Uno de los principales componentes de la estrategia ha sido la ampliación del programa Aliméntate, anteriormente conocido como Comer es Primero.
Según los datos ofrecidos por la funcionaria, durante los últimos años fueron duplicados tanto el monto como la cobertura del subsidio, que actualmente beneficia a cerca de 1.5 millones de hogares.
La ayuda económica permite que las familias compren productos de la canasta básica en establecimientos autorizados. Su impacto es especialmente relevante en hogares con bajos ingresos, adultos mayores, personas con discapacidad y madres responsables del sostenimiento familiar.
Reyes sostuvo que el combate contra el hambre no debe limitarse a la entrega de alimentos, sino que también debe proteger a las familias durante períodos de dificultad y ofrecerles herramientas para generar ingresos.
«El hambre no se combate únicamente distribuyendo alimentos. Se combate ampliando capacidades, protegiendo a las familias en los momentos más difíciles y creando oportunidades para que construyan su propio desarrollo«, afirmó.
Alimentación escolar y comedores económicos
Otra de las políticas señaladas es el Programa de Alimentación Escolar, que proporciona alimentos diariamente a más de dos millones de estudiantes del sistema educativo público.
Además de garantizar una parte importante de la alimentación de niños y adolescentes, el programa reduce el gasto de los hogares y puede contribuir a la permanencia de los alumnos en las escuelas.
El impacto económico también se extiende a productores, suplidores y pequeñas empresas vinculadas a la preparación y distribución de los alimentos.
La red de Comedores Económicos del Estado aumentó de 35 a 134 establecimientos en todo el territorio nacional, de acuerdo con las cifras presentadas por Reyes.
Estos centros ofrecen raciones cocidas a precios subsidiados y también participan en operativos de alimentación en comunidades vulnerables, situaciones de emergencia y zonas afectadas por fenómenos naturales.
El aumento significa que la institución cuenta ahora con 99 centros adicionales para atender a la población.
La estrategia incluye además bodegas móviles y mercados de productores, diseñados para acercar alimentos a las comunidades y reducir la participación de intermediarios en la comercialización.
Fortalecimiento del sector agropecuario
El descenso de la subalimentación no fue atribuido únicamente a los subsidios sociales.
La ministra destacó las facilidades de financiamiento para el sector agropecuario, las inversiones en infraestructura, la tecnificación del riego y las compras públicas realizadas a productores locales, mujeres y micro, pequeñas y medianas empresas.
También mencionó la entrega de 167,000 títulos de propiedad, una medida que puede facilitar el acceso al crédito y ofrecer mayor seguridad jurídica a familias y productores sobre los terrenos que ocupan.
La política combina así dos frentes: ayudar a las personas a comprar alimentos y fortalecer la capacidad del país para producirlos.
Desafíos futuros
El reto ahora es mantener el indicador por debajo del 2.5 % y evitar que aumente ante posibles crisis económicas, fenómenos climáticos, incrementos en los precios de los alimentos o pérdidas de empleos.
Reyes señaló que las próximas acciones deben concentrarse en garantizar alimentos nutritivos, fortalecer la agricultura familiar, ampliar las oportunidades para las mujeres y consolidar un sistema de protección social más integral.
También destacó el papel de las mujeres en la seguridad alimentaria, tanto por su participación en las actividades productivas como por las responsabilidades que asumen dentro de los hogares y las comunidades.
Salir del mapa mundial del hambre representa una mejora en uno de los principales indicadores internacionales de alimentación. Sin embargo, el verdadero desafío será que ese avance se refleje de manera sostenida en la mesa de las familias y que los programas públicos lleguen a quienes todavía enfrentan dificultades para alimentarse adecuadamente.
Fuente: www.diariolibre.com