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XI Semana de la Energía

Para que la energía solar no le quite el suelo a la agricultura, Suecia está probando paneles rosas sobre el brócoli

Al lado del huerto familiar, donde tenemos entre otras cosas olivos y almendros, nuestro vecino un día tomó una decisión: quitar su viñedo y poner en su lugar unas placas fotovoltaicas. Y así es como dijo adiós a la agricultura y se pasó al sector energético. Las plantas solares y eólicas llevan décadas compartiendo espacio…

Para que la energía solar no le quite el suelo a la agricultura, Suecia está probando paneles rosas sobre el brócoli
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Al lado del huerto familiar, donde tenemos entre otras cosas olivos y almendros, nuestro vecino un día tomó una decisión: quitar su viñedo y poner en su lugar unas placas fotovoltaicas. Y así es como dijo adiós a la agricultura y se pasó al sector energético. 

Las plantas solares y eólicas llevan décadas compartiendo espacio rural con bosques, pastos y cultivos, pero la transición energética y la esperanza de rentabilizar más el terreno empujan a cada vez más propietarios a dar el paso. Y no siempre hay que elegir: ya hemos visto que un parque solar no implica despedirse de la ganadería, y un experimento en Suecia sugiere que tampoco de la agricultura, pero no vale cualquiera: mejor que sea semitransparente y de color rosa.

El experimento. Un equipo de la Universidad de Mälardalen (Suecia) ha cultivado brócoli bajo paneles solares semitransparentes de color magenta y ha comprobado que las plantas alcanzaron el mismo tamaño que aquellas cultivadas a pleno sol. Eso sí, les costó madurar 25 días más. Concretamente, el brócoli bajo los paneles pesó algo menos (170 gramos frente a 188 gramos), pero la diferencia no es significativa. Donde sí que hubo diferencia fue en la maduración: 104 días frente a 74. 

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Con este sistema de placas solares, la eficiencia de uso de la radiación fue 4,5 veces la del campo abierto para los paneles semitransparentes. Ojo, esto no significa que se produzca 4,5 veces más brócoli, sino que la planta convierte mejor la poca luz que recibe.

Por qué importa. Porque los parques solares necesitan mucha extensión y el suelo rural suele ser el candidato ideal por ser más asequible, así que compiten de forma directa con la agricultura. Y en Suecia esa competencia ya ha dejado batallas concretas: en 2022, la junta administrativa provincial de Escania (Länsstyrelsen i Skåne) rechazó el proyecto del parque solar de Svedberga porque consideraba que la producción de alimentos debía priorizarse. Un tribunal lo aprobó ese mismo año, pero en abril de 2024 el Tribunal de Apelación de Tierras y Medio Ambiente anuló esa aprobación y rechazó el parque, dando más peso al interés agrícola.

La agrivoltaica busca dar una vuelta de tuerca a esa disyuntiva para que energía y cultivo compartan el suelo. Según estima el modelo del estudio, el sistema alcanzaría una ratio de uso equivalente de la tierra de 1,18, es decir, un 18 % más de productividad que producir cultivo y electricidad por separado.

Suecia, tierra de agrivoltaica. La Universidad de Cambridge y la de Greenwich ya habían probado, en invernadero y con albahaca y espinacas, que paneles semitransparentes de color naranja pueden generar electricidad y producir cultivos con mejores características nutricionales, aunque con menor rendimiento vendible. La Universidad de Mälardalen retoma esa línea y la lleva al campo abierto con paneles magenta. Suecia, además, tampoco parte de cero: en octubre de 2024 se inauguró el primer parque agrivoltaico a gran escala del país, Svea Solar, donde se rotan colza, pradera y trigo bajo los paneles.

Cómo lo hicieron. El equipo montó en 2024 dos estructuras de 20 x 20 metros en la granja Kärrbo Prästgård, cerca de Västerås: una con paneles de 50 % de transparencia y otra de 70 %, además de una parcela de control a pleno sol. Los paneles son de telururo de cadmio y llevan una capa de color que modifica el espectro de luz que llega a las plantas.

Desde el punto de vista biológico, las hojas se adaptan a su ambiente lumínico y cambian su funcionamiento cuando reciben menos radiación. Además, las plantas aprovechan sobre todo la luz roja y azul para la fotosíntesis, y estos paneles dejan pasar más de esas longitudes de onda y menos luz verde, mientras el resto se destina a producir electricidad. Un detalle interesante: el brócoli rindió de forma parecida con ambos niveles de transparencia, lo que sugiere que podría usarse el diseño con más densidad de células para generar más electricidad.

Prometedores brotes verdes. Los resultados son prometedores, pero conviene rebajar el entusiasmo: se trata de un ensayo con un solo cultivo, en un único lugar y durante una temporada, así que el equipo de investigación pide más ensayos con otros cultivos, climas y configuraciones antes de escalar. Sin ir más lejos, el brócoli es una hortaliza que se adapta bien al clima fresco, y no sabemos cómo responderían los cereales o los frutales. 

Además, el estudio no es económico: no calcula costes, mantenimiento ni plazo de amortización. Y los 25 días extra hasta la cosecha no es algo balad, porque afectan al calendario agrícola: a las rotaciones, al riesgo de plagas y a la posibilidad de que llegue una helada antes de cosechar.

Portada | Silvia Ma Lu et al. con Gemini

Fuente: Tecnologia

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