A 216 años del primer gobierno patrio, Chile rezó por una nación edificada sobre roca

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Tedeum Ecuménico 2026 en Chile. Crédito: Iglesia de Santiago

A 216 años del primer gobierno patrio en Chile, el Arzobispo de Santiago, Cardenal Fernando Chomali, presidió este viernes el tradicional Tedeum para rezar por el país.

La tradicional celebración del 18 de septiembre expresa una acción de gracias y eleva una oración por Chile, por sus autoridades y todos sus habitantes, marcando el inicio formal de los actos institucionales correspondientes a las Fiestas Patrias, antecediendo a los saludos protocolares y a la parada militar del 19 de septiembre en el parque O’Higgins.

En esta oportunidad, ante la presencia del presidente José Antonio Kast y demás autoridades, el purpurado recordó que Chile es «una casa edificada sobre roca» y llamó a la esperanza en el futuro del país.

Previo al comienzo de la ceremonia, el Coro del Arzobispado, junto al Orfeón Nacional de Carabineros de Chile, el Coro Bizantino San Juan Damasceno, Voces Claretianas y la Escuela de Música Religiosa del Arzobispado, interpretaron varias obras, entre ellas Estrella de Chile, himno presentado en el marco de los 100 años de la coronación de la Virgen del Carmen.

En su homilía, el Cardenal Chomali elogió el país hermoso y noble que es Chile, con sus trabajadores y su ciudadanía resiliente, que se acompaña ante desastres como incendios o temporales. «Ahí está el alma de Chile que construye, día a día, de sol a sol, el país que amamos y hoy celebramos», afirmó.

Expresando ese amor por la patria, el arzobispo señaló que, pese a que «el trigo y la cizaña crecen juntos», hay un futuro promisorio «en virtud de su fe indestructible fundada en la promesa del Señor que nos aseguró que estará con nosotros hasta el fin de los tiempos».

«El presente nos exige reflexionar con serenidad, sentido de unidad y la certeza de que los grandes desafíos sólo se superan trabajando juntos», aseguró el purpurado, llamando a «ampliar la mirada, conocer la realidad y, sobre todo, abrirse al otro sin prejuicios» y sin ideologías, pensando en el bien de Chile.

Con espíritu de oración, el cardenal instó a preguntarse «¿qué es lo que nos interpela?», y enumeró desafíos como «la pobreza, no sólo material sino también espiritual; la violencia, que erosiona la seguridad y la confianza en el otro; el desencuentro político, que fragmenta el diálogo y dificulta los consensos; la baja tasa de natalidad y el rápido envejecimiento de nuestra población; las nuevas tecnologías y el uso de la inteligencia artificial que traerá graves consecuencias en la educación y el empleo. Y, por último, el mal de todos los males, la corrupción, en todas sus formas y expresiones. Un verdadero cáncer que si no se detiene a tiempo nos traerá mal sobre mal, dolor sobre dolor, muerte sobre muerte».

En ese contexto, animó a «discernir con la cabeza, el corazón y las manos cómo enfrentaremos el futuro», considerando que «es el tiempo de la valentía, del coraje, de los grandes relatos y de la épica heroica. Es el tiempo de los grandes acuerdos y de los generosos consensos. Es el tiempo de la unidad en medio de la diversidad».

«Frente a este desafío, los invito a mirar a Cristo, conocerlo más de cerca y escuchar su mensaje sin igual de amor al prójimo, de verdad y de justicia. Él conoce cuáles son nuestras debilidades, pero también nuestras fortalezas, y nunca pierde la esperanza y la fe en nosotros y, nos llama a nunca perder la confianza en Él», enfatizó.

Citando el Evangelio, llamó a preguntarse si Chile está dispuesto a construir sobre roca y a no ceder frente a la incertidumbre ni temer a las tormentas «que hoy son las presiones geopolíticas, el pesimismo crónico, la desesperanza aprendida, y aquellas que anidan en el corazón del hombre: el excesivo afán de protagonismo, la codicia sin límites y la corrupción».

«Construir sobre roca, Jesucristo, es reconocer la centralidad de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios, a la hora de tomar decisiones de cualquier orden. Significa compromiso para superar las dificultades; disposición para proponer soluciones y no sólo para criticar; humildad para reconocer los errores y generosidad para recomponer las confianzas», enumeró, invitando a poner como horizonte el bien común y las oportunidades de desarrollo para todos los habitantes.

«Atenta contra este proyecto de país la corrupción porque corroe los cimientos de la sociedad, convirtiéndose en el enemigo número uno de Chile, porque le abre la puerta al crimen organizado, a la delincuencia, al narcotráfico, a la trata de personas y a todo lo que impide crecer en paz como país», advirtió.

El purpurado aseguró que «no habrá una sociedad sana, escuelas sanas, empresas sanas, calles tranquilas y niños jugando en las plazas si al interior del Estado hay signos de corrupción», advirtiendo que «erradicarla es prioritario».

El Cardenal Chomali pidió a los políticos disposición al diálogo y humildad, al tiempo que aclaró que «salir al encuentro de mi adversario (no de mi enemigo) político significa comprender que el bienestar de todos está por sobre el interés de un solo sector».

Finalmente, citando al Papa Francisco, preguntó: «¿Cuál es el mundo que le dejaremos a las próximas generaciones?». Y reflexionó: «Si somos capaces de ir más allá de nosotros mismos, más allá de lo individual, podremos sembrar esperanza. Eso es construir sobre roca: comprender que nuestras decisiones tienen consecuencias, que la vida del otro nos concierne y que el bien común exige responsabilidad compartida».

«Chile sólo podrá avanzar cuando dejemos de pensar únicamente desde el tú o el yo y aprendamos a reconocernos, nuevamente, como un nosotros», concluyó, llamando a ser «tejedores de esperanza en nuestro mundo, compartiendo lo que somos y lo que tenemos, para que la presencia de Jesús crezca entre nosotros y su Reino tome forma».

Las ofrendas fueron llevadas por niños acompañados por voluntarios de Bomberos, Carabineros, soldados, voluntarios de Cáritas y personal del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED) que dejaron flores ante la imagen del Cristo del Cabildo de 1810, en acción de gracias por la patria y en oración por quienes han sufrido a causa de las inundaciones en distintas zonas del país.

Las peticiones estuvieron dirigidas a orar por las autoridades, por Chile y sus habitantes, por quienes sufren, por las familias y por los jóvenes.

Finalmente, el coro y la orquesta ejecutaron el canto del Tedeum y posteriormente el himno nacional, y se impartió la bendición final.

Fuente: www.aciprensa.com