
Cardenal Carlos Castillo. Crédito: Cortesía del Arzobispado de Lima
El Arzobispo de Lima, Cardenal Carlos Castillo, invitó a los obispos peruanos a mirar nuevamente el testimonio de Santo Toribio de Mogrovejo y preguntarse cuánto de su espíritu misionero permanece hoy en la Iglesia.
Durante la Misa de clausura de la 130° Asamblea Plenaria del Episcopado Peruano, celebrada el 20 de agosto con ocasión de los 300 años de la canonización de Santo Toribio, el Arzobispo de Lima centró su reflexión en la manera en que el santo vivió su misión: recorriendo los pueblos, conociendo a las personas y anunciando el Evangelio desde la cercanía y la gratuidad.
Castillo recordó que Santo Toribio, segundo Arzobispo de Lima y patrono del episcopado latinoamericano, realizó cuatro grandes visitas pastorales a su extensa diócesis. Aunque estas visitas respondían en buena parte a una obligación establecida por el Concilio de Trento, el santo las convirtió en algo mucho más profundo.
“Esa visita, vivida por Toribio muy singularmente a través de un proceso de cercanía y conocimiento de la vida de nuestros pueblos”, explicó el cardenal, adquirió una dimensión «mucho más creativa, vivencial» que una visita meramente formal.
Para Castillo, “el paso de Toribio logró introducir tan fuertemente la fe, porque no fue una visita burocrática”.
Un pastor que quiso conocer a sus ovejas
El cardenal recordó especialmente uno de los episodios que, a su juicio, permite comprender la profundidad de esa cercanía.
Cuando Santo Toribio llegó a Paita, una ciudad y puerto principal situada en el departamento de Piura, y encontró una población profundamente afectada por enfermedades y pandemias, decidió dirigirse a Lima a pie, aunque podía hacerlo por mar.
«Él se vino a pie. Fueron tres o cuatro meses que demoró y llegó a Lima, pero en el camino iba conociendo y conversando, preguntando a la gente cómo eran las cosas», relató Castillo.
El viaje, más que un simple desplazamiento, se convirtió así en una experiencia de encuentro. Santo Toribio quería conocer a las personas que tenía bajo su responsabilidad pastoral y comprender la realidad para anunciar el Evangelio.
«Él quiere conocer a sus ovejas», explicó el Arzobispo de Lima.
El Cardenal Castillo lamentó que, aunque se conservan los registros de las visitas pastorales —con datos sobre bautizados, confirmados, niños y mujeres—, existen “pocos libros que puedan hablar de lo que hacía en ese tiempo tan largo de visita”.
Sin embargo, para el cardenal, la fuerza de aquel anuncio puede comprenderse por sus frutos.

Evangelizar desde la «suavidad»
El Cardenal Castillo también destacó la influencia que tuvo en Santo Toribio el pensamiento del abogado y fraile dominico Bartolomé de las Casas, defensor de los derechos de los indígenas en los inicios de la colonización de América.
Según explicó, Santo Toribio retomó la propuesta de anunciar el Evangelio desde la «suavidad», es decir, “el mismo modo suave de anunciar el Evangelio” de Jesús.
«Él es algo así como la encarnación de Jesús en nuestras tierras», subrayó.
«La evangelización es una gracia»
Desde allí, el cardenal llevó la reflexión hacia el propio ministerio de los obispos.
Al comentar el pasaje del profeta Isaías, el Cardenal Castillo recordó que el profeta se reconoce como un hombre de labios impuros antes de ser enviado a anunciar la Palabra.
«Con eso se nos quiere decir que la evangelización es una gracia y la misión también es una gracia», afirmó.
«Recordemos que nosotros también somos seres de labios impuros y con problemas», señaló, antes de recordar que incluso entre los apóstoles hubo dudas y retrocesos.
Por eso, la pregunta para quienes tienen la responsabilidad de conducir la Iglesia no puede limitarse a cómo organizar mejor la misión, sino saber “cuánto del ejemplo radicalmente evangelizador de Toribio tengo yo”.

Una Iglesia que vuelva a la gratuidad
El cardenal recordó que Santo Toribio llegó a experimentar incluso dificultades económicas, pero no dejó de entregar sus propios recursos para ayudar a las personas.
«Toribio muchas veces no tenía un centavo para compartir», relató.
Y precisamente desde esa pobreza y generosidad, el Cardenal Castillo propuso que la Iglesia peruana “vuelva al fondo de las cosas”
“Trabajemos en nosotros al Espíritu Santo que Toribio nos transmitió como Iglesia misionera. Iglesia gratuita, generosa, que no pide nada a cambio”, subrayó.
Y explicó qué significa esa gratuidad en la práctica: una Iglesia que no esté preocupada por «cuánto va a sacar», ni por «dinero, ni fama, ni orgullo, ni vanidad, ni de subidas en la jerarquía eclesiástica».
«Cuánto de esa experiencia de amor gratuito estamos dispuestos a seguir ese camino», preguntó al clero.
Escuchar una realidad que ha cambiado
El cardenal también advirtió que imitar a Santo Toribio no significa repetir literalmente las formas pastorales de hace cuatro siglos.
«Tenemos que preguntarnos cómo podemos vivir hoy día esa dimensión misionera de Toribio en las nuevas circunstancias que tenemos, que necesitamos comprender porque han cambiado mucho las cosas», señaló.
En ese desafío, Castillo destacó el camino sinodal impulsado por el Papa Francisco como una herramienta para discernir cómo anunciar hoy el Evangelio.
«La tarea de la misionalidad (…) requiere de acuerdos, de conversación, de comprensión de la realidad», afirmó.
La Iglesia, añadió, debe reconocer que vive en medio de «la diversidad de situaciones» y aprender a «reintroducir el Evangelio para que sea comprendido y amado».
Toribio y la misión de la Iglesia peruana ante León XIV
Esta reflexión adquiere un significado particular para la Iglesia peruana mientras se prepara para la visita del Papa León XIV en noviembre de este año.
El cardenal recordó además la particular relación de León XIV con Santo Toribio y señaló que, cuando era obispo de Chiclayo, acudía periódicamente a rezar ante su tumba en Zaña.
Por eso, planteó que la próxima visita del Papa sea también una oportunidad para que la Iglesia peruana se pregunte qué necesita renovar.
Al finalizar, el Arzobispo de Lima invitó a los obispos a hacer un «examen de conciencia personal» para reconocer cuánto de aquel espíritu ha sido comunicado a la Iglesia peruana y cuánto necesita todavía crecer.
Mons. García: Santo Toribio, un pastor que salió al encuentro
Al finalizar la Eucaristía, el presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, Mons. Carlos García Camader, retomó esta misma imagen de Santo Toribio como un pastor cercano.
«Santo Toribio fue ante todo un pastor. No se quedó esperando que la gente viniera. Salió al camino, se hizo encontrar, recorrió enormes distancias, aprendió las lenguas de los pueblos», afirmó.
Mons. García Camader resumió así el desafío que el santo plantea hoy a los obispos: «El pastor tiene que estar cerca del pueblo, conocerlo, escucharlo y caminar con él».
Finalmente, al referirse a la próxima visita de León XIV, afirmó que los peruanos no esperan únicamente una visita protocolar, sino «un hermano, un amigo y un padre que conoce y quiere a nuestro pueblo peruano».
La celebración concluyó con la entrega de algunas reliquias de Santo Toribio de Mogrovejo a la Diócesis de Chosica, que posteriormente las llevará por las diócesis sufragáneas de la provincia eclesiástica de Lima.
Fuente: www.aciprensa.com