
Mons. Raúl Biord, Arzobispo de Caracas, preside la rueda prensa en la Curia Arquidiocesana de Caracas, el miércoles 22 de julio. | Crédito: Andrés Henríquez/EWTN.
Este miércoles 22 de julio, la Arquidiócesis de Caracas presentó el balance de la respuesta ejecutada tras el doble terremoto que golpeó Venezuela el pasado 24 de junio, hace casi un mes. En una rueda de prensa, el arzobispo Raúl Biord señaló que la Iglesia “ha respondido con prontitud” a la tarea de atender a los más afectados.
Más de 5.000 personas fallecieron en la tragedia, según las cifras oficiales del gobierno interino, mientras que decenas de miles resultaron heridas y se han quedado sin hogar. Otras estimaciones proyectan en varias decenas de miles la cifra de desaparecidos. La Guaira, Caracas y El Junquito fueron de las localidades más afectadas, todas ellas forman parte de la provincia eclesiástica de Caracas.
Mons. Biord explicó que, desde el primer momento, la arquidiócesis “constituyó una Comisión de Atención a la Emergencia” encargada de gestionar la atención espiritual, psicológica y social de los afectados. El arzobispo agradeció a “la inmensa cantidad de personas” que se han sumado como voluntarios de Cáritas en todo el país.
El informe presentado por la Arquidiócesis de Caracas giró en torno a tres grandes ejes de acción: el pastoral, el social y el de infraestructura. Ante los medios de comunicación, cada uno de los responsables de estos apartados ofreció detalles del trabajo que se ha venido ejecutando en el último mes.
Atención pastoral y espiritual
“Hemos tenido muy claro, desde el primer momento, que nuestra principal tarea es el acompañamiento de las personas. Es estar cercanos a este dolor, para sintonizar con él, para escuchar de manera activa y para, sobre todo, hacerle experimentar a cada una de las personas afectadas que no están solos. Que la Iglesia, que es Madre, les sostiene y les acompaña”, expresó el P. Ricardo Guillén, vicario pastoral de la arquidiócesis.
ACI Prensa consultó al P. Guillén sobre los desaparecidos y los miles de cadáveres que han quedado enterrados en los escombros sin posibilidad alguna de recuperación y, por ende, sin posibilidad de ser sepultados como manda la Iglesia Católica.
El sacerdote recordó que los cuerpos de los fallecidos, en tanto criaturas de Dios, “tienen una altísima dignidad” por lo que deben recibir cristiana sepultura en la medida de lo posible. Explicó que la Iglesia Católica se ha esforzado en acompañar, a través de sus sacerdotes y diáconos permanentes, las exequias de quienes han podido ser recuperados de los edificios colapsados.
“El domingo pasado tuve que hacer las exequias de una persona que estando sentada al frente de su casa le ha caído una pared y ha quedado sepultada. Allí la familia decidió y hemos tenido que hacer las exequias y consolar a esta familia”, dijo el P. Guillén.
“Es parte de la tarea de la Iglesia honrar los cuerpos y darles cristiana sepultura. Por supuesto, ayudar a los seres queridos a llevar el duelo”, explicó el sacerdote y añadiendo que en los días por venir las comunidades cristianas están llamadas a dar testimonio de esto.
Seminaristas de diversas casas de estudio se han desplegado en albergues transitorios para apoyar las labores de asistencia, a la vez que se han llevado a cabo procesiones con el Santísimo Sacramento en refugios y zonas de colapso, jornadas de oración y otras actividades religiosas.
La situación social tras la emergencia
Mons. José Manuel León, Obispo Auxiliar electo de Caracas y coordinador de la Comisión de Atención a la Emergencia, informó que hasta la fecha se han repartido aproximadamente unas 490 toneladas de insumos de primera necesidad, que “provienen de la generosidad de la feligresía” y también de la empresa privada.
La red de distribución de insumos ha alcanzado especialmente a diversos hospitales en Caracas, casas de refugio en La Guaira y sectores devastados en varias ciudades. Una de las metas principales del eje de atención social es “garantizar la sostenibilidad operativa del suministro de los recursos a las familias afectadas”.
Además, explicó Mons. León, la arquidiócesis busca “fortalecer los bancos de medicamentos existentes en las parroquias”, a la vez que trabaja por “ampliar y articular la red de dispensarios parroquiales para la atención primaria de la salud de las personas afectadas y que todavía siguen padeciendo”.
También, la Iglesia acompañará de manera especial a los sobrevivientes —especialmente a los niños— con atención psicológica que brinde herramientas para manejar el duelo y el estrés postraumático.
Infraestructura y estado de los templos
El P. Neptalí Balza, ingeniero civil de profesión, es el encargado de la inspección de los templos que resultaron afectados en la Arquidiócesis de Caracas. Durante su intervención, explicó que se ha ejecutado una “evaluación técnica preliminar” sobre 27 templos en el área metropolitana de Caracas.
Con el aval del Colegio de Ingenieros de Venezuela, las iglesias han sido identificadas con etiquetas de tres colores (verde, amarillo y rojo) para indicar el nivel de daño que sufrieton tras los terremotos del 24 de junio.
En total, 6 parroquias fueron marcadas con la etiqueta verde (habitable), lo que representa el 22 % del total. Otros 16 templos fueron marcados con la etiqueta amarilla (uso restringido, preventivo) al determinarse que presentan fallas menores o desprendimientos ornamentales que no impiden el uso religioso, pero requieren mitigación, demolición de elementos vulnerables, rellenar y alisar. Estas edificaciones representan el 59% del total.
En cambio, 5 templos parroquiales fueron marcados con la etiqueta roja (acceso restringido) al presentar daños estructurales graves. Ellas son: San José de Ñaraulí, Nuestra Señora de La Merced, San Juan María Vianney, Nuestra Señora de Lourdes y Santa Rosalía de Palermo. Los templos marcados con la etiqueta roja son el 19 % del total.
El P. Balza presentó también un plan de recuperación en cinco fases:
1. Emergencia y resguardo activo: corresponde a la demarcación con etiquetas en la puerta principal de cada templo (Semáforo de Habitabilidad), apuntalamiento temporal de áreas críticas y centralización digital de reportes.
2. Diagnóstico y estudios preliminares: esta fase está orientada a documentar el estado real de los templos y definir la hoja de ruta técnica, apoyándose en recursos externos, como alianzas con estudiantes y tesistas de Arquitectura e Ingeniería.
3. Proyectos e ingeniería sismorresistente: comprende el cálculo de refuerzos de las estructuras mediante tecnologías compatibles (fibra de carbono, inyección de morteros, tensores) y validación ante entes patrimoniales.
4. Ejecución de la reconstrucción e intervenciones: en esta fase se ejecutarpa la clasificación y rescate de elementos colapsados reutilizables (como artesonados) y restauración de bienes artísticos (vitrales, ornamentación y carpintería).
5. Verificación y mantenimiento preventivo: es la aplicación de un protocolo permanente de conservación a largo plazo para edificaciones históricas.
Fuente: www.aciprensa.com