Los genios chinos de la IA podrían ser multimillonarios en EEUU. Lo malo para EEUU es que prefieren volver a China

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Los genios chinos de la IA podrían ser multimillonarios en EEUU. Lo malo para EEUU es que prefieren volver a China

Lo normal es que alguien tarde seis años en completar un doctorado en la Universidad Carnegie Mellon (CMU). Un joven llamado Yang Zhilin lo consiguió en cuatro, y acto seguido pasó lo que tenía que pasar: las grandes tecnológicas se lo rifaban. Lo querían fichar en Apple, Google o Meta, y tanto el MIT como Stanford le abrieron las puertas. Podía haberse quedado en EEUU y probablemente convertirse en un multimillonario, pero no. 

Volvió a China, fundó Moonshot AI, creó la familia de modelos de IA Kimi y se convirtió en uno de los grandes nuevos gurús de la IA del gigante asiático. Su historia es un buen ejemplo de un gran problema que están teniendo en EEUU.

Un genio en ciernes. Yang se graduó en la prestigiosa universidad china de Tsinghua, y en sus años en CMU acabó colaborando en otro de los «papers icónicos» que fueron el germen de ChatGPT, el del llamado «Transformer-XL«. Aquello fue un punto de inflexión en su carrera, porque tras aquel trabajo se planteó qué quería hacer con su vida.

Emprender sí, pero no en EEUU. Su supervisor en CMU, Russ Salakhutdinov, recordaba en Financial Times lo que debatió con Yang, que le dejó claro que «si al menos no intentaba crear su propia empresa, lo lamentaría el resto de su vida». Lo curioso es que no lo hizo en EEUU, donde seguramente hubiera obtenido financiacion y apoyo económico de sobra, sino que se fue a China, donde fundó Moonshot AI. Allí creó los citados modelos de IA, de los cuales la última versión, Kimi K3, ha puesto patas arriba el mercado: un modelo abierto que compite con lo mejor de Anthropic y OpenAI y que ha convertido a Yang en actual protagonista del sector.

Trabajar para otros, qué va. Hay una narrativa en Silicon Valley que habla de cómo la regulación migratoria en EEUU está pensada para lograr que jóvenes talentos se unan a las grandes empresas, y no tanto que funden sus propias startups. Eso era bastante más complicado, así que los talentos chinos que se acabaron de formar en EEUU se dieron cuenta de que tenían una opción mejor: volver a su país de origen y crear sus startups allí.

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Fuente: Hoover Institution.

El talento chino vuelve a China. Un estudio de la Hoover Institution en Stanford analizó el perfil de los 356 investigadores que trabajaron en DeepSeek y reveló algo sorprendente: el 53,5% jamás estudió o trabajó fuera de China. De los que sí contaban con una experiencia de este tipo y habían estudiado o trabajado en EEUU, el 70% terminó regresando a su país. El gigante asiático ha dejado de ser un exportador de cerebritos: ahora dispone una cantera autosuficiente que impulsa la industria IA del país.

Menos dinero, mejor ejecución. La diferencia entre EEUU y China no solo es financiera, sino operativa. Un emprendedor chino del sector explicaba en ese reportaje de FT que aunque montar su startup en EEUU le garantizaría una valoración hasta 10 veces superior, en China tiene muchas más probabilidades de lanzar soluciones reales e producción en menos de cinco años. Dan igual las sanciones, el riesgo de censura o un mercado inversor mucho más conservador: la densidad de ingenieros y la familiaridad del entorno compensan.

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Fuente: Universidad de Stanford.

EEUU no lo pone fácil. El fenómeno de la «vuelta a casa» de los ingenieros chinos no solo afecta a recién graduados, sino también a profesionales veteranos que ya estaban instalados en el sistema académico e ingenieril del país. Una encuesta realizada por la Universidad de Stanford en 2024 entre 1.304 científicos de origen chino que residían y trabajaban en EEUU reveló datos curiosos. El 73% no se sentía seguro trabajando como investigador en el país, y el 65% apuntó directamente a un temor a ser acosados y a la violencia racista. La incertidumbre política y la propia desconfianza institucional no han hecho más que acelerar las salidas.

Silicon Valley tiene un problemón. La trayectoria de Moonshot AI, que en solo tres años y con un equipo de 300 personas ha lanzado un modelo fantástico, demuestra que hay vida más allá de Silicon Valley. Con el talento chino volviendo de forma masiva a China, la pregunta es si el Gobierno de EEUU modificará sus requisitos y propuestas para obtener un visado. Si no lo hacen, la «fuga cerebros» puede ser absoluta.

Imagen | Tommao Wang

Fuente: www.xataka.com