Sacerdote huyó de Nicaragua y reza a diario para que Dios libere al país “de ese régimen cruel”

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Con la esperanza puesta en Jesucristo y el anhelo de ver algún día a Nicaragua en libertad, un sacerdote nicaragüense vive su ministerio en Costa Rica, país al que llegó tras verse obligado a huir por la persecución contra la Iglesia Católica.

“Ya son 30 meses desde que tuve que huir”, relató a ACI Prensa el sacerdote, quien pidió mantener su identidad en reserva por temor a represalias contra su familia, que vive en Nicaragua.

Aunque hoy ejerce su ministerio en una parroquia costarricense, reconoce que cada día transcurre con la nostalgia de la tierra que dejó atrás.

Jornada de oración por la paz en Nicaragua convocada en la Catedral de San José en Costa Rica, el 13 de julio de 2018. Crédito: Eco Católico.
Jornada de oración por la paz en Nicaragua convocada en la Catedral de San José en Costa Rica, el 13 de julio de 2018. Crédito: Eco Católico.

Su huida comenzó una madrugada de inicios de 2024, luego que las autoridades emitieran una orden de captura en su contra. Salió de Nicaragua sin siquiera poder despedirse de su familia.

“Yo salí de Nicaragua sin ver a mi madre, sin decirle: ‘mamá, me voy’. No pude despedirme de nadie; eso duele”, expresó con tristeza.

Una persecución que comenzó en 2018

El “hostigamiento” contra él, —como el mismo lo describe— inició en 2018, cuando estallaron las protestas sociales contra el gobierno de Daniel Ortega. De acuerdo con un informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la represión dejó cientos de muertos y heridos.

En aquel entonces acompañaba pastoralmente a grupos juveniles, por lo que se vio involucrado. “Yo apoyé a los jóvenes, en el sentido de orar por ellos y, segundo, buscaba alimento, le buscaba medicina a los muchachos universitarios y a la población en general cuando se veían atropellados, violentados, golpeados”.

En sus Misas también comenzó a predicar sobre la dignidad humana y la justicia social. Buscaba “pedir respeto, pedir que se valorara la libertad de un pueblo que clamaba justicia, que reclamaba sus derechos”. “Eso molestó, eso enfadó al gobierno”, lamentó.

Joven sostiene una bandera nicaraguense cerca de una barricada policial en medio de las protestas del 20 de abril de 2018 en Nicaragua. Crédito: Voice of America / Dominio público.
Joven sostiene una bandera nicaraguense cerca de una barricada policial en medio de las protestas del 20 de abril de 2018 en Nicaragua. Crédito: Voice of America / Dominio público.

Con el paso de los meses, comenzó a recibir llamadas y mensajes a su número personal. Asimismo, aseguró, “llegaban los militares armados y entraban al templo, grababan las homilías; en fin, me sentí bastante vigilado”.

El sacerdote relató que a finales de 2023 tuvo que abandonar su comunidad y permanecer oculto. “Yo pasé el Año Nuevo huyendo, escondiéndome”. Hasta que en enero de 2024 emitieron una orden de captura en su contra y en ese momento tomó la decisión de huir a Costa Rica.

“Tuve que salir casi a medianoche, buscando cómo salvar mi vida. Huir prácticamente, sin sentido alguno, porque no había hecho ningún crimen”, aseguró.

Su caso no es aislado. Es parte de una multitud de fieles que sufren la persecución sistemática que la dictadura de Daniel Ortega emprendió contra la Iglesia Católica, agudizada en 2018. Desde entonces, se han documentado más de 1.030 ataques contra los católicos y más de un centenar de sacerdotes y 4 obispos han sido expulsados o forzados al exilio.

“Volví a nacer en esta tierra que me acoge”

“Las lágrimas salían” recuerda el sacerdote al evocar el momento en que cruzó la frontera y dejó atrás su país. A más de dos años de aquel episodio, asegura que, “hasta la fecha, uno siente la nostalgia de un pueblo que ama”.

Pese al dolor, afirma haber encontrado en Costa Rica una nueva oportunidad gracias al apoyo recibido por los obispos de Costa Rica y varios sacerdotes, quienes “me han dado albergue, me han dado estabilidad”.

Jornada de oración en la Catedral de San José en Costa Rica para pedir por la paz en Nicaragua durante las manifestaciones de 2018. Crédito: Eco Católico.
Jornada de oración en la Catedral de San José en Costa Rica para pedir por la paz en Nicaragua durante las manifestaciones de 2018. Crédito: Eco Católico.

Ese respaldo le permitió reconstruir su vida y retomar el ministerio sacerdotal. Convencido de que Dios no abandona a quienes sufren, asegura que “Jesús está conmigo y María Santísima, mi Madre amada y bella, no me desampara”.

Por ello, dijo: “Tengo la esperanza de que Nicaragua será libre”.

Mientras ese día llega, pide todos los días a Dios que “libere a Nicaragua de ese régimen cruel, indolente, asesino”. “Le pido justicia, le pido paz, le pido al Señor que me otorgue la gracia de volver a mi tierra linda, de poder ver a mi mamá”.

Sacerdotes migrantes: un “don” para la Iglesia en Costa Rica

En la actualidad, son alrededor de 25 sacerdotes nicaragüenses los que viven en Costa Rica, según compartió con ACI Prensa el P. Gustavo Meneses, secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

Lejos de considerarlos una carga, el P. Meneses sostiene que representan “un don de Dios entre nosotros”, pues han llegado a “subsanar necesidades que se tienen al interno de nuestras diócesis”, especialmente aquellas con menos sacerdotes.

Hora Santa en julio de 2018 convocada por la Diócesis de San Isidro en Costa Rica para pedir por la paz en Nicaragua. Crédito: Diócesis de San Isidro.
Hora Santa en julio de 2018 convocada por la Diócesis de San Isidro en Costa Rica para pedir por la paz en Nicaragua. Crédito: Diócesis de San Isidro.

Recientemente se realizó un encuentro privado que, explicó el P. Meneses fue “una oportunidad para que ellos se encontraran, para que se conocieran. Porque ellos mismos se van dando cuenta de quién son los que están aquí”.

El sacerdote indicó que muchos compartieron el dolor de haber dejado a sus familias, “pero, sobre todo, les duele haber abandonado su misión pastoral”.

Por ello, consideró que uno de los principales desafíos para la Iglesia Católica en Costa Rica es ofrecerles también un acompañamiento humano y psicológico que les permita sanar las secuelas del exilio.

Asimismo, hizo un llamado a las autoridades para agilizar los procesos de protección internacional y evitar que quienes huyen de la persecución permanezcan durante largos periodos en un “limbo jurídico” que los exponga a la deportación.

El sacerdote finalizó recordando que, en cualquier país, el migrante “no viene a demandar, el migrante viene a ofrecer, el migrante no es un problema, el migrante es una promesa de esperanza”.

Fuente: www.aciprensa.com